Durante su última visita a Guatemala, Ignacio Solano, gerente y fundador de Paisajismo Urbano, realizó una entrevista para la revista Gerencia.

Esta es una transcripción de la misma: 

Muros con conciencia ecológica

Una solución al dilema entre la construcción de vivienda y la preservación de espacios naturales

Muros, paredes, bardas, techos y terrazas verdes es lo que demandan las nuevas urbanizaciones que acaparan los espacios naturales -cada vez más escasos-, ante la creciente necesidad de vivienda en la ciudad. Y es que, los jardines verticales son propuestas arquitectónicas de gran atractivo visual, que además, disminuyen el impacto ambiental, al mismo tiempo que permiten el aprovechamiento del tan cotizado espacio para la vivienda.

En términos ambientales, se trata de dotar a los edificios y viviendas de plantas, flores y cultivos para reducir los niveles de contaminación, además de proveer otros beneficios estéticos y medioambientales. Entre ellos, la disminución del efecto invernadero, la retención de la lluvia y el aumento del valor de los proyectos inmobiliarios, por mencionar solo algunas de las ventajas para la salud de las personas y el mejoramiento de las ciudades.

Para ello, Ignacio Solano, de Paisajismo Urbano, una empresa que posee 25 franquicias en 15 países del mundo, con representación exclusiva en Guatemala por medio de By Botanik, recomienda aprender sobre hidroponía. “Un sistema que se basa en la teoría de que la planta no necesita tierra para vivir, sino un anclaje mecánico que le dé soporte y por el que descubra una solución que la alimente, mediante nutrientes líquidos y reguladores de PH”.

“Estos sistemas funcionan bien”, advierte el experto, porque las plantas poseen un alto rango de absorción de nutrientes “y si se controla además el recurso vital, la planta crecerá de forma permanente”. Así también, como una alternativa a los jardines verticales hay opciones más prácticas, como el uso de enredaderas que dan como resultado jardines botánicos colgantes.

Creatividad y experiencia

Aunque la idea de elaborar un jardín vertical o una azotea verde suene muy práctica, no es algo que se dé por arte de magia, e intentarlo sin asesoría puede ser frustrante. De allí la importancia de buscar la mano de quienes se han dedicado a cultivar la tierra con fines ornamentales.

Solano habla sobre su experiencia. “Comencé a desarrollar la tecnología de jardines verticales en el ‘infierno de las plantas’; es decir, con climas extremos que superaban los 40 grados, o por el contrario en regiones frías de entre 5 y 10 grados, en donde los inviernos son bastante copiosos”. Con sus conocimientos de biología sumados a los retos que planteó esta experiencia, Ignacio se convirtió en todo un conocedor de hasta los más recónditos secretos de las plantas ornamentales y su adaptación a las diferentes texturas y materiales.

Por ello recomienda que, antes de desarrollar un proyecto verde hay que realizar un estudio botánico, que incluye: analizar los componentes lumínicos e hidrométricos, o sea las condiciones de la luz, la temperatura y la superficie. Pues, según explica, una planta puede funcionar en un lugar, y cuatro metros más abajo ya no.

Por otro lado, el representante de Paisajismo Urbano sugiere propagar plantas nativas para atraer a la fauna que corresponde. “Si las plantas no son nativas se crea un gran vacío, porque no llega fauna urbana. Y si llega, puede consistir en pájaros invasores; por ejemplo, los zanates –el quiscalus mexicano- que no es un ave guatemalteca”. Solano insiste en que, no se pueden usar las mismas plantas en el Este que en el Oeste, “la selección de especies se hace por orientación y localización geográfica”, recalca.

El agua también es un elemento de análisis, y de los más importantes. Sin embargo Ignacio comenta que, la de Guatemala es “increíblemente buena para los proyectos naturales, debido a su calidad fisioquímica, ya que posee mínimas sales disueltas y es poco conductiva”. En la construcción de muros verdes, se establecen sistemas que reciclan el agua de todo un edificio, inclusive, las grises de las duchas. Estas se hacen pasar por un proceso de recirculación para que sean empleadas en el jardín mediante circuito cerrado. De allí que, el sistema hídrico del edificio se convierte en autosostenible.

Siempre en búsqueda de soluciones para proyectos medioambientales relacionados con plantas, Paisajismo Urbano ha desarrollado un hormigón (concreto) al que cuando llueve le crece musgo, el que ya ha sido patentado. Con ello demuestran su claro interés por despertar la conciencia social y satisfacer una franca necesidad. El resultado es haber desarrollado una pared a la que le crece musgo, que sea verde, que posea un diseño, que filtre el gas y que produzca oxígeno. Gracias a estas iniciativas el hombre puede viajar al pasado para convivir con la naturaleza, aun estando en la ciudad.

Respecto a desarrollar jardines verticales y azoteas verdes en Guatemala, Solano emite una opinión que coincide con muchos, y es que este país posee un clima privilegiado al igual que sus recursos naturales. De hecho el biólogo bromea al decir que, “llegué a Guatemala diciendo que, aquí uno agarra una planta, la tira contra la pared y pega”.

Por eso, considera que los cuadros de naturaleza viva que las personas desarrollen en sus viviendas y edificios van a ser mucho más coloridos y extensos que los que han instalado en climas desérticos, en donde se reducen por mucho las posibilidades. De ser así, se podría decir que casi cualquier espacio se puede convertir en verde, aunque el experto explica que no cualquier idea es susceptible de hacerse. “Por ejemplo, no tendría caso hacerlo en una pared trasera que nadie va a ver, ni tampoco en un muro de metro y medio, porque los metros lineales de naturaleza tienen un costo”, analiza.

Un ejemplo a mayor escala de un jardín vertical puede observarse en Oakland Mall, centro comercial en donde By Botanik desarrolló un jardín en un muro de 200 metros cuadrados. Y esta es una respuesta a que los seres humanos necesitamos una ciudad verde, así como desarrollar nuestra conciencia social.

Los jardines verticales que ofrece By Botanik se entregan con un sistema de riego domótico y con garantía de tres meses, tiempo en el que las plantas se han adherido a los muros y ya pueden vivir durante largo tiempo. La idea es que los sistemas se sostengan por sí solos, que controlen la humedad, la temperatura y que, inclusive, envíen mensajes a los teléfonos móviles para alertar sobre alguna deficiencia.

El mantenimiento se da cada 15 días para reponer insumos, y la poda se realiza cada tres o cuatro meses, servicio que pueden realizar los mismos clientes después de recibir una asesoría. Pues, a decir de Solano, a las personas no les gusta crear relaciones de dependencia con nadie. Sin embargo, para quienes así lo deseen, By Botanik ofrece este servicio.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debiera estar regulado el que existan 14 metros cuadrados de superficie ajardinada por cada ser humano que habita la ciudad. Sin embargo, en la actualidad no alcanzamos ni siquiera a cubrir 4 metros cuadrados por habitante, lo que evidencia la necesidad de hacer brotar naturaleza sobre espacios muertos, muros, fachadas y casi cualquier rincón.


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